jueves, 19 de mayo de 2011

PRIMAVERA - VERANO


16 DE MARZO
¡Ah, cien veces cogí un cuchillo para clavármelo en el corazón y poner fin a mi tormento! Se dice que hay una casta de caballos que, cuando se sienten sofocados por una larga y desenfrenada carrera, se abren instintivamente una vena con los dientes para facilitar su respiración. ¡Así pudiera yo abrirme la vena que me procurase la eterna liberación!

16 DE JULIO
Sí, ciertamente, no soy más que un peregrino, un vagabundo en la Tierra. ¿Pero acaso sois los demás otra cosa?

3 DE SEPTIEMBRE
No alcanzo a comprender cómo puede amarla otro, cómo se atreve a amarla cuando mi amor por ella es tan inmenso, tan profundo, tan exclusivo; cuando para mí nada existe fuera de ella; cuando ni siento ni veo más que a ella.

domingo, 15 de mayo de 2011

AGOSTO


12 DE AGOSTO
“¡Oh hombres, cómo sois!”, exclamé yo. “¿Por qué fatalidad no podéis hablar de una cosa cualquiera sin pronunciar en seguida las palabras: Eso es una locura, eso es juicioso, eso es bueno, eso es malo? ¿Qué significa todo ello? ¿Conocéis al por menor todos los detalles de la acción que juzgáis? ¿Habéis escudriñado, seguido en su desarrollo, los motivos que la originaron? ¡Ah!, si lo hubiera hecho, no pronunciaríais con tanta precipitación vuestros juicios.”

18 DE AGOSTO
¿Por qué fatalidad aquello precisamente  en que reside la felicidad del hombre es tan a menudo el origen y la causa de su infortunio?

Este sentimiento tan delicado y ardiente, que llenaba mi corazón a la vista de la naturaleza animada; esta exquisita sensibilidad, que era para mí un manantial de delicias, que hacía brotar un paraíso a cada paso que daba, se ha vuelto actualmente un tormento insoportable, un genio maléfico y cruel que me persigue en todas partes.

miércoles, 11 de mayo de 2011

JUNIO


16 DE JUNIO
Jamás me había yo sentido tan ágil; apenas era ya un hombre. ¡Tener entre los brazos a la más encantadora de las criaturas; volar con ella como en un torbellino presagia la tempestad; ver paras todo, eclipsarse todo en torno de uno! ¡Sentir…! ¡Oh amigo mío! Para ser franco te diré que hice entonces el juramento de no permitir jamás que una mujer que yo amase y sobre la cual tuviese algún derecho valsara con más hombre que conmigo, ¡aunque para impedirlo tuviera que perecer mil veces! Espero que me comprendas.


19 DE JUNIO
Desde ese día, el Sol, la Luna, las estrellas pueden salir y ponerse cuando y como quieran, pues yo ya no sé cuándo es de día ni de noche, cuándo hace Sol o hace Luna, pues para mí ha desaparecido el universo entero.


21 DE JUNIO
Mis días son tan felices como los que Dios reserva y hace gozar a sus elegidos; sucédame lo que quiera, ya por lo menos no podré decir que no he conocido el gozo y la alegría más puros de la vida.

sábado, 7 de mayo de 2011

26 DE MAYO

Escucha, amigo mío, una comparación; sucede con esto como con el amor: un joven con el corazón virgen y sensible se apasiona por una muchacha linda y amable; se pasa las horas a su lado; prodiga su fortuna, hace uso de todas sus facultades para probarle a cada momento que es enteramente suyo, sin la menor reserva. Y he aquí que sobreviene un hombre formal, con un empleo de Estado y un uniforme galoneado, que le dice: “Joven, el amar es propio del hombre, amad, pues pero amad como un hombre; repartir como es debido las horas del día; consagrad las unas al estudio, al trabajo, y las otras a vuestro ídolo; haced un cálculo exacto de vuestras rentas, de cuánto será lo superfluo que os quede después de haber provisto a todo lo necesario. Yo no os prohíbo que le hagáis algunos regalitos, per contados y en épocas fijas, como por ejemplo el día de su santo, etc.” Si nuestro joven se conforma a los preceptos del pedante, llegará a ser un personaje muy útil, y yo sería el primero en aconsejar a cualquier príncipe que le emplease en su cancillería; pero, por lo tocante a su amor, pronto habrá desaparecido, y si es artista, su talento no tardará en esfumarse.

jueves, 5 de mayo de 2011

4 DE MAYO


¡Cuán contento estoy de haberme ido! ¡Ah, amigo mío! ¿Qué es el corazón del hombre? ¡Dejarte, separarme de ti a quien tanto quiero y de quien era inseparable, y estar alegre todavía! Bien sé que tú me perdonas. ¿No estaban preparadas por el destino todas esas otras amistades para atormentar un corazón como el mío? ¡Pobre Leonor! Y sin embargo, yo no era culpable.

[…]

He advertido en este asunto de tan escasa importancia, que la negligencia y los malentendidos causan en este mundo, tal vez, más prejuicios y trastornos que la astucia y malicia mismas. A lo menos éstas dos últimas son más raras, seguramente.