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lunes, 20 de junio de 2011

LA TERCERA Y CUARTA EXPEDICIÓN

ABRIL DE 2000 – La tercera expedición

Oh, dame una noche de junio, la luz de la Luna y tú…


JUNIO DE 2001 – Aunque siga brillando la Luna

Así que nunca más pasearemos
tan tarde de noche,
aunque el corazón siga enamorado,
y aunque siga brillando la Luna.

Pues la espada gasta la vaina.
y el alma gasta el pecho,
y el corazón tiene que pararse a tomar aliento,
y el amor mismo ha de descansar.

Aunque la noche fue hecha para amar,
y el día vuelve demasiado pronto,
nunca más pasearemos
a la luz de la Luna.

[…]

También en Marte el hombre había llegado a ser demasiado humano, y no bastante animal. Los hombres de Marte comprendieron que si querían sobrevivir tenían que dejar de preguntarse de una vez por todas: ¿Para qué vivir? La respuesta era la vida misma. La vida era la propagación de más vida, y vivir la mejor vida posible. Los marcianos comprendieron que se preguntaban ¿Para qué vivir? en la culminación de algún periodo de guerra y desesperanza, cuando no había respuestas. Pero cuando la civilización se tranquiliza y calla, y la guerra termina, la pregunta se convierte en insensata de un modo nuevo. La vida es buena entonces, y las discusiones son inútiles.

jueves, 16 de junio de 2011

AGOSTO DE 1999 - Noches de verano


Los músicos tocaron y la mujer cantó, y esta vez el público suspiró y se inclinó hacia adelante en los asientos; unos pocos se pusieron de pie, sorprendidos, y una ráfaga helada atravesó el anfiteatro. La mujer cantaba una canción terrible y extraña. Trataba de impedir que las palabras le brotaran de la boca pero éstas eran las palabras:

Avanza envuelta en belleza, como la noche
de regiones sin nubes y cielos estrellados;
y todo lo mejor de lo oscuro y lo brillante
se une en su rostro y en sus ojos…

La cantante se tapó la boca con las manos, y así permaneció unos instantes, inmóvil, perpleja. La mujer se echó a llorar y huyó del escenario. El público abandonó el anfiteatro. Y en todos los trastornados pueblos marcianos ocurrió algo semejante.

En las avenidas sombrías, bajo las antorchas, los niños cantaban:

… y cuando ella llegó, el aparador estaba vacío,
y su pobre perro no tuvo nada.

domingo, 12 de junio de 2011

FEBRERO DE 1999 - Ylla


Ella se quedó mirando en silencio las grandes extensiones pálidas del fondo del mar, como si recordara algo, con los ojos amarrillos dulces y húmedos.

                -Brinda por mí sólo con tus ojos y yo te prometeré con los míos –cantó lentamente y en voz baja-. O deja un beso en la copa y no pediré vino.

Cerró los ojos y susurró moviendo muy levemente las manos. Concluyó la canción; era muy hermosa.