jueves, 10 de mayo de 2012

EL DIARIO A DIARIO


Un señor toma el tranvía después de comprar el diario y ponérselo bajo el brazo. Media hora después desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo.

Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de plaza.

Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas se convierte otra vez en un diario, hasta que un muchacho lo ve, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas.

Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego se lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis.

martes, 8 de mayo de 2012

PREÁMBULO A LAS INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ


Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan –no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con una correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la necesidad de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

jueves, 3 de mayo de 2012

JOSUÉ


Es cierto que josué, viendo que el sol declinaba y que las bajas sombras de la noche protegerían lo que aún quedaba del ejército amorreo, levantó los brazos al cielo, ya preparada la frase para la posteridad, pero en ese instante oyó una voz que le susurraba al oído, Silencio, no hables, no digas nada, reúnete conmigo a solas, sin testigos, en la tienda del arca de la alian­za, porque tenemos que conversar. Obediente, Josué entregó la dirección de las operaciones a su sustituto en la cadena jerárquica de mando y se dirigió rápidamente al lugar del encuentro. Se sentó en un taburete y dijo, Aquí estoy, señor, hazme saber tu voluntad, Supongo que la idea que te nació en la cabeza, dijo el señor que estaba en el arca, era pedirme que parase el sol, Así es, señor, para que ningún amorreo escape, No puedo hacer lo que me pides. Un súbito pasmo le hizo a Josué abrir la boca, Que no puedes hacer que el sol se de­tenga, y la voz le temblaba porque creía estar profi­riendo, él mismo, una horrible herejía, No puedo hacer parar el sol porque parado ya está, siempre lo ha estado, desde que lo dejé en aquel lugar, Tú eres el señor, tú no puedes equivocarte, pero no es eso lo que mis ojos ven, el sol nace en aquel lado, viaja todo el día por el cielo y desaparece en el lado opuesto, hasta regresar a la mañana siguiente, Algo se mueve real­mente, pero no es el sol, es la tierra, La tierra está parada, señor, dijo Josué con voz tensa, desesperada, No, hombre, tus ojos te engañan, la tierra se mueve, da vueltas sobre sí misma y va girando por el espacio alrededor del sol, Entonces, si es así, manda parar a la tierra, que sea el sol el que se pare o que se pare la tierra, a mí me es indiferente siempre que pueda liqui­dar a los amorreos, Si yo hiciese parar la tierra, no se acabarían sólo los amorreos, se acabaría el mundo, se acabaría la humanidad, se acabaría todo, todos los se­res y cosas que aquí se encuentran, incluso muchos árboles, a pesar de las raíces que los prenden a la tie­rra, todo sería lanzado como una piedra cuando la sueltas de la honda, Pensaba que el funcionamiento de la máquina del mundo dependía nada más que de tu voluntad, señor, Ya la ejerzo demasiado, y otros en mi nombre, por eso hay tanto disgusto, gente que me ha dado la espalda, algunos que llegan hasta el punto de negar mi existencia, Castígalos, Están fuera de mi ley, fuera de mi alcance, no los puedo tocar, es que la vida de un dios no es tan fácil como creéis, un dios no es señor de ese permanente quiero, puedo y mando que se supone, no siempre se puede ir en línea recta hasta conseguir los fines, hay que dar rodeos, es verdad que puse una señal en la cabeza de caín, nunca lo has visto, no sabes quién es, pero lo que no se entiende es que no tenga poder suficiente para impedirle que vaya a donde su voluntad lo lleve y haga lo que entienda, Y nosotros, aquí, preguntó josué, con la idea siempre puesta en los amorreos, Harás lo que habías pensado, no te voy a robar la gloria de dirigirte directamente a dios, Y tú, señor, Yo limpiaré el cielo de las nubes que en este momento lo cubren, eso se puede hacer sin ninguna dificultad, pero la batalla tendrás que ganar­la tú, Si tú nos das ánimo estará terminada antes de que el sol se ponga, Haré lo posible, ya que lo impo­sible no se puede. Tomando estas palabras como des­pedida, josué se levantó del taburete, pero el señor le dijo todavía, No le contarás a nadie lo que aquí ha sido tratado entre nosotros, la historia que se repetirá en el futuro tendrá que ser la nuestra y no otra, josué pidiéndole al señor que detenga el sol y él haciéndolo así, nada más, Mi boca no se abrirá salvo para confir­marla, señor, Vete y acaba con esos amorreos. Josué volvió al ejército, subió a una colina y levantó otra vez los brazos, Oh, señor, gritó, oh, dios del cielo, del mundo y de israel, te ruego que suspendas el movi­miento del sol hacia el ocaso a fin de que tu voluntad pueda ser cumplida sin obstáculos, dame una hora más de luz, una hora sólo, no vaya a suceder que los amorreos se escondan como cobardes que son y tus soldados no logren encontrarlos en la oscuridad para ejecutar en ellos tu justicia, quitándoles la vida.

lunes, 30 de abril de 2012

LILITH Y CAÍN


Que nuestro dios, el creador del cielo y de la tierra, está rematadamente loco, Cómo te atreves a decir que el señor dios está loco, Porque sólo un loco sin conciencia de sus actos admitiría ser el culpable directo de la muerte de cientos de miles de personas y se comportaría luego como si nada hubiera sucedido, salvo que, y pudiera ser, no se tratara de locura, la involuntaria, la auténtica, sino de pura y simple maldad, Dios nunca podría ser malo, o no sería dios, para malo ya tenemos al demonio, No puede ser bueno un dios que le da a un padre la orden de que mate y queme en una hoguera a su propio hijo simplemente para poner a prueba su fe, eso no se le ocurriría ni al más maligno de los demonios.

jueves, 26 de abril de 2012

ABRAHAM


Preguntó Isaac, Padre, qué mal te he hecho para que quisieras matarme, a mí que soy tu único hijo, Mal no me has hecho, Isaac, Entonces por qué quisiste cortarme el cuello como si fuese un borrego, preguntó el chiquillo, si no hubiera aparecido ese hombre, a quien el señor cubra de bendiciones, para sujetarte el brazo, estarías ahora llevando un cadáver a casa, La idea fue del señor, que quería la prueba, La prueba de qué, De mi fe, de mi obediencia, Y qué señor es ese que ordena a un padre que mate a su propio hijo, Es el señor que tenemos, el señor de nuestros antepasados, el señor que estaba aquí cuando nacimos, Y si ese señor tuviera un hijo, también lo mandaría matar, preguntó Isaac, El futuro lo dirá, Entonces el señor es capaz de todo, de lo bueno, de lo malo y de lo peor, Así es, Si tú hubieras desobedecido la orden, qué habría sucedido, Lo que el señor suele hacer es mandar la ruina o una enfermedad a quien le falla, Entonces el señor es rencoroso, Creo que sí, respondió Abraham en voz baja, como si temiese ser oído, para el señor nada es imposible, Ni un error, ni un crimen, preguntó Isaac, Los errores y los crímenes sobre todo, Padre, no me entiendo con esta religión, Haz por entenderte, hijo mío, no tendrás otro remedio, ahora voy a hacerte una petición, una humilde petición, Cuál, Que olvidemos lo que ha pasado, No sé si seré capaz, padre, todavía me veo sobre la leña, atado, y tu brazo levantado, con el cuchillo reluciente, El que estaba ahí no era yo, en mi perfecto sano juicio nunca lo haría, Quieres decir que el señor enloquece a las personas, preguntó Isaac, Sí, muchas veces, casi siempre, En cualquier caso, quien tenía el cuchillo en la manos eras tú, El señor lo había organizado todo, en el último momento intervendría, viste al ángel que apareció…

martes, 24 de abril de 2012

ADÁN Y EVA

De hecho, sólo acabaría apareciendo mucho más tarde, en una fecha de la que no quedó registro, para expulsar a la infeliz pareja del jardín del edén por el crimen nefando de haber comido del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Este episodio, que dio origen a la primera definición de un hasta entonces ignorado pecado original, nunca ha quedado bien explicado. En primer lugar, porque incluso la inteligencia más rudimentaria no tendría ninguna dificultad en comprender que estar informado siempre es preferible a desconocer, sobre todo en materias tan delicadas como son estas del bien y del mal, en las que uno se arriesga, sin darse cuenta, a la condenación eterna en un infierno que entonces todavía por inventar. En segundo lugar, clama a los cielos la imprevisión del señor, ya que, si realmente no quería que le comiesen de tal fruto, fácil remedio tendría la cosa, habría bastado con no plantar el árbol, o con haberle puesto en otro sitio, o con rodearlo de una cerca de alambre de espino.